Ponette

Jacques Doillon, Francia, 1996

Comentario

Ponette sabe que su madre ha muerto, pero el padre quiere asegurarse de que lo comprende bien y hacerle frente confesandole su desconcierto y su impotencia. En esta escena, como en la película, todo descansa sobre la espalda de la pequeña actriz que interpreta a Ponette. Debemos creer en las emociones que experimenta y aquí, para que lo creamos, es preciso que las experimente de verdad. Jacques Doillon quiere evitar la psicología fáctica, las palabras de adulto en boca de los niños, las lágrimas falsas para esta secuencia delicada del cara a cara entre el padre y la hija, que debe ser de una verdad absoluta. Para comenzar, inscribe la escena en la realidad: el paisaje y la luz del fin de la tarde, de una gran belleza, participan en la emoción del espectador. Luego, hablando de esto tan grave, la niña debe hacer gestos muy precisos: se trepa varias veces al techo del auto y baja deslizándose por el parabrisas. Tiene un yeso que le molesta (elección del director para dar vida al personaje de Ponette): es a la vez un juego, una ceremonia, una catarsis. Esta extraña gimnasia, que parece una forma de evitar la verdad por parte de Ponette ante la situación, le da una gran precisión a la escena. Más allá de las palabras que se dicen, más allá de las palabras terribles que se intercambian, son los gestos, su repetición, lo que permite que aparezca la emoción y que la pequeña actriz se deje ganar por afectos reales: Ponette llora, tiene hipo, escupe de verdad para conjurara a la muerte. Esta escena difícil fue filmada dos veces y de manera no sincrónica con la historia, de manera excepcional: situada al comienzo mismo de la película, fue filmada al principio y vuelta a filmar después, al final del rodaje, dándole tiempo a la niña de convertirse en actriz y poner sus emociones al servicio del personaje que encarna.