Petit à petit

Jean Rouch, Francia, 1971

Comentario

El principio de la entrevista callejera es un dispositivo periodístico. Jean Rouch lo invierte: el entrevistador es Damouré, personaje principal de la película, enfrentado a transeúntes que ignoran que se trata en realidad de una ficción y no de un reportaje para televisión. El actor se lanza aquí a una investigación falsa de antropología salvaje, con métodos incongruentes (tomarle las medidas a los parisinos en la calle), invirtiendo aquí la relación entre los blancos “inventores” de la antropología y los “indígenas” (objeto de estudio privilegiado de los antropólogos) busca, al desestabilizar a sus interlocutores, poner en evidencia la persistencia de los reflejos colonialistas inconscientes, es decir de un racismo latente. La secuencia, por otra parte, está firmada cerca de la explanada del Trocadero, donde se sitúa el primer museo de etnografía, surgido en el siglo XIX, y en apogeo durante la época colonial… Un dispositivo semejante exige una gran reactividad y en una sola toma hay que atrapar lo que nunca se podrá repetir: la sorpresa, la incredulidad, es decir la incomprensión o la duda que se leen en los rostros de los peatones interrogados: el camarógrafo, con la cámara al hombro, debe tratar de captar cada expresión de los entrevistados cuidándose de mantener a Damouré en el encuadre. También se ve aquí cómo la irrupción de una cámara modifica los comportamientos: en la profundidad del campo vemos cómo los curiosos, cuyo interés se despierta por esa insólita atracción, se detienen para observarlos. El director, por medio de este dispositivo complejo que mezcla lo verdadero y lo falso, lo real y la ficción, pone en duda la capacidad de capturar una realidad totalmente objetiva, provoca incluso en uno de los transeúntes, una reacción inquieta, una duda casi vertiginosa: “¿Porqué hace eso?” pregunta uno de ellos. Retrospectivamente, esas imágenes también le ofrecen al espectador actual una mirada sobre el París de los años sesenta.