Los 400 golpes

Les 400 coups

François Truffaut, Francia, 1959

Comentario

En esta escena, la ficción se interrumpe momentáneamente para permitirnos observar en tiempo real los efectos de la atracción sobre un cuerpo forzado a ella, el de Jean Pierre Léaud, que interpreta el personaje de Antoine. También es un dispositivo forzado para el camarógrafo, que sólo puede filmar desde dos ejes: desde arriba en ángulo picado, o sino, ubicándose él mismo dentro de la máquina, atado por cuerdas al eje del tambor. La cámara se mueve muy poco, el rotor mismo es el que impulsa el movimiento y el ritmo, a excepción de ligeros reencuadres operados para acercarse a Antoine, a fin de captar las emociones y las sensaciones que expresa el rostro del actor o a través de sus gestos no controlados: la impaciencia y el deslumbramiento del principio, el placer de poder jugar y experimentar (levantar los brazos, poner la cabeza hacia abajo), después el desagrado y casi el sufrimiento, cuando el cuerpo está condenado a soportar una fuerza demasiado poderosa para él y fracasa en los vanos intentos de resistirse a la atracción terrestre (cierra los ojos, se frota la cabeza…) La alternancia de los planos ligeramente picados sobre Antoine, y los contraplanos sobre los rostros de los espectadores nos hace a la vez entrar en la subjetividad del personaje y sentir ciertos efectos: el montaje rápido, la imagen que salta y se borronea, los sonidos confusos, que mezclan ruidos mecánicos y gritos, provocan una pérdida de referencias y un ligero vértigo en el espectador. En el centro de ese dispositivo que da lugar a imágenes que recuerdan las del praxinoscopio, incluidas las muy intrigantes de estos cuerpos-insectos impresos en la película, François Truffaut se ha invitado a sí mismo: es uno de los que participan de la atracción, junto a su personaje principal, que sale tambaleándose de la máquina.